6. PROCESO FUNDACIONAL del Club A. Peñarol

PROCESO FUNDACIONAL del CLUB ATLÉTICO PEÑAROL

 

                Pese a la contundencia de la derrota sufrida en la asamblea del Central Uruguay Railway Cricket Club por los socios que propusieron las reformas, ellos y detrás de ellos, seguramente, los llamados “socios no empleados”, aquellos a quienes se proponía denominar de allí en adelante socios “de segunda categoría”, no cejaron en su empeño.

 

1.  El clima social

   Antes de entrar a historiar, tal como lo venimos haciendo, las gestiones, las sesiones, las asambleas, las actas que las documentan, quizás resulte útil para esclarecer intenciones, motivos y propósitos de los partícipes, hacer una referencia al clima que por esos años se vivía en el Ferrocarril Central con relación al Club que lo representaba deportivamente.

   Utilizaremos como fuente de información lo expresado por el Sr. Alberto Maggi, ex Secretario del Club Atlético Peñarol, en el prólogo que escribiera para el ya citado libro del Dr. Mantrana Garín.

    Apunta allí el Sr. Maggi: “La situación en 1913 era exactamente la que se ha hecho conocer en crónicas, reportajes, opúsculos e historiales, basados todos ellos en la letra fría de las actas. Pero hay en el fondo, en los entretelones de este asunto tan interesante para nosotros, causas que fueron las que en realidad generaron e hicieron inevitable la crisis. Estas causas surgen ahora por sí solas, del simple examen de la documentación que se ofrece y de la encuesta realizada entre los que hemos dado en llamar protagonistas de aquella incidencia memorable”.

   “Mientras el C.U.R.C.C., conocido por Peñarol dentro y fuera de fronteras, conservó la posición de club modesto, a pesar de su poderío y eficiencia, los altgos empleados de la Empresa se mostraron orgullosos y complacidos, alentando de todos modos el afianzamiento de la institución. Pero con la popularidad, vinieron anexos los inconvenientes que de ella emanan. Los partidos en la Villa de Peñarol llevaban cada vez más crecido número de concurrentes, y a menudo éstos, enardecidos por resultados contrarios a sus simpatías o como actos de protesta por el mal servicio, etc. Ejercían su venganza dañando el material de la empresa: cortando los asientos, rompiendo los vidrios, destruyendo piezas de los salones, etc. Ello por sí solo era suficiente para alarmar. Pero vinieron después otras complicaciones por agravaron la situación: el comentario de los partidos distraía a los obreros, antes y después de realizarlos; se solicitaban licencias para los obreros jugadores; se guardaban para éstos miramientos que implicaban privilegios; se reservaban puestos para jugadores, con preferencia; menudeaban las visitas de parciales y amigos; se establecía, en fin, una relajación disciplinaria que la superioridad no podía mirar indiferente. Únase este material a los perjuicios que se causaban al material de la empresa como reacción o como protesta, y se justificará la presión cada vez más fuerte y severa de la administración del Ferrocarril, preocupada ahora, no ya en rebajar el football mismo, sino en hacer desaparecer el propio campo de juego dándole cualquier otro destino”.

   “La dirección del C.U.R.C.C., en la que se alternaban altos empleados del
Ferrocarril con otros más modestos, reflejaba en gran parte aquel malestar. Porfiaban unos, empeñados en mantener las rígidas normas reglamentarias que habrían al cabo de matar al club por asfixia, secundando así contra su íntimo sentimiento, la acción impuesta por la Empresa. Porfiaban a su vez, los otros, contagiados por el clamor de millares de adeptos injustamente al margen, injustamente privados de aportar su concurso a la causa que amaban. Producto de ese choque fue la proyectada reforma reglamentaria que se rechazó por mayoría” [1]

   Los párrafos transcriptos resultan suficientemente ilustrativos y no requieren mayores comentarios, como no sea para apuntar que algunas “barras bravas” no han carecido de antecedentes en tiempos lejanos.

   Sin embargo acotemos que cuando el Sr. Maggi se refiere, al final de los párrafos transcriptos, a “la proyectada reforma reglamentaria que se rechazó por mayoría” se está refiriendo, obviamente, a la asamblea del 2 de junio de 1913, pero cuando, al comienzo de ellos hace mención de las causas que en realidad “generaron e hicieron inevitable la crisis” no se puede estar refiriendo a reforma estatutaria alguna, pues una reforma en los estatutos no genera ninguna crisis. Se está refiriendo, sin duda, a algo más radical, más trascendente, de distinta naturaleza que, aunque se le pretenda hacer aparecer como una reforma estatutaria, fue algo completamente diferente. Pero ya llegaremos a ello cuando alcancemos el mes de diciembre de ese mismo año de 1913.

 

2. La sesión de la Comisión Directiva del Central Uruguay Railway Cricket Club, del 3 de noviembre de 1913

   Así las cosas, en la sesión de la Directiva del C.U.R.C.C. del 3 de noviembre de 1913 –es decir, cinco meses después de la asamblea que por 25 votos contra 12 rechazara la reforma de los artículos 1º y 2º de los estatutos- “el señor Isabelino Pérez da cuenta a la Comisión que se le apersonaron los señores Yaraví y Borretti, en nombre de los socios no empleados y partidarios, con el fin de llegar a un acuerdo con el propósito de levantar el prestigio del C.U.R.C.C. pues al parecer llevaba el camino de eliminarse de los fields y pedían autorización para hacer trabajos a ese efecto. Según sus manifestaciones deseaban una especie de autonomía para seguir en la Liga y deseaban una entrevista con la Comisión del Club para llegar a ese fin”.

   Agrega de inmediato el acta de referencia que “Después de un animado debate y visto que la idea entre los asociados activos del Club era seguir como antes de formarse la Liga, esto es, no afiliarse más a dicha Asociación, y con el fin de no dejar que este puesto fuera ocupado por extraños, dado que socios viejos tomarían la iniciativa de levantar el Club de football a lo que fuera otrora, se resuelve: designar a los señores Pérez y Maz para entrevistarse con dichos señores y llegar a un acuerdo, pudiendo ofrecerles los trofeos ganados en la Liga Uruguaya de Football, el nombre del C.U.R.C.C. (Peñarol); colores negro y amarillo y algunas otras cosas que podrían suscitarse en la reunión a celebrfarse y una vez celebrada esta reunión deberían dar cuenta de su cometido”. [2]

   Pese a su carácter sucinto, de esta acta de la Directiva del C.U.R.C.C. surgen claras las posiciones de cada una de las partes.

   Antes todavía de deslindar esas dos posiciones, resulta imprescindible una observación previa: aquí no se trata de reformar los estatutos. Eso era lo que se había intentado con la subcomisión de reforma nombrada en 1912 y que había fracasado estrepitosamente en la Asamblea del 2 de junio de 1913. Aquí se trata de dos partes separadas, distintas, perfectamente individualizadas –los socios “no empleados” y los partidarios, por un lado; las legítimas autoridades del C.U.R.C.C., por otro –que buscan y que aceptan, unos y otros “llegar a un acuerdo” esto es, a una convención, a un arreglo, a algo cuyo contenido debía ser antológicamente distinto a los Estatutos tal como éstos eran y, a la vez distinto de los Estatutos reformados, proyectados y desaprobados en la asamblea del mes de junio.

   La tesitura de cada una de las partes, se manifiesta con claridad a través de esta acta:

a) Los socios activos –“asociados activos” se les denomina en el acta, posiblemente por primera vez, a los “socios empleados” a que wse referían los estatutos- querían “seguir como antes de formarse la Liga”, es decir, querían que el Club siguiera tal como había actuado entre 1891 y 1900, año de fundación de The Uruguay Association Football League, o sea, practicando football pero sin carácter oficial, tal como, por otra parte así lo preveían los estatutos en sus “disposiciones adicionales”, plenamente vigentes por entonces: “Los partidos formales se arreglarán por la Comisión y los improvisados en el campo al tiempo de jugarlos”.

   Que la Comisión Directiva del Central Uruguay Railway Cricket Club pensaba –y no sólo ella por sí sino como intérprete de la voluntad de los “asociados activos”- continuar la práctica del football en esa forma, surge, con clara evidencia, de esa expresión de “seguir como antes de formarse la Liga” y de “no afiliarse más a dicha Asociación”.

   La Comisión Directiva del C.U.R.C.C. consciente de que tal conducta dejaría un lugar vacante en la Liga Uruguaya de Football, no tuvo inconveniente en prometer acordar lo que fuera necesario para que ese lugar vacante que dejaría el Club no “fuera ocupado por extraños”, es decir, por cualquier otro club formado por personas sin vinculación alguna con el Central Uruguay Railway Cricket Club.

   Que el “acuerdo” cuya idea comenzaba a esbozarse, partía de la base de que habría un nuevo club –lo que resultará plenamente confirmado por un conjunto de actos posteriores, según habrá de verse- separado y distinto del C.U.R.C.C. , surge ya de las instrucciones dadas a los dos delegados Sres. Pérez y Maz: “pudiendo ofrecerles los trofeos ganados en la Liga Uruguaya de Football” y “el nombre del C.U.R.C.C. (Peñarol)”.

   Adviértase que se ofrecen estos trofeos y, como resulta obvio, nadie se ofrece algo a sí mismo sino a otro, a un tercero, a una persona o a un conjunto de personas distintas y diferentes.

   Pero, además, adviértase que no se ofrecen todos los trofeos ganados por el C.U.R.C.C. sino solamente “los trofeos ganados en la Liga Uruguaya de Football”, no los anteriores, los logrados entre 1891 y 1900.

   Y se ofrece “el nombre del C.U.R.C.C. (Peñarol)”, porque éste no es el nombre del Central Uruguay Railway Cricket Club; porque ese era el nombre que en la frustrada reforma estatutaria del mes de junio pasado se había querido incorporar, sin éxito, al artículo 1º de los estatutos. Se ofrece la autorización para utilizar la denominación “C.U.R.C.C. (Peñarol)” porque el viejo club de los ingleses o de los empleados del Ferrocarril se seguirá denominando Central Uruguay Railway Cricket Club, o con su sigla C.U.R.C.C. a secas, sin aditamento alguno.

                b) Por otro lado, resulta clara también la tesitura de los “socios no empleados y partidarios” en cuyo nombre se habían apersonado a la Directiva los Sres. Saraví y Borretti. Lo que ellos propusieron no fue una reforma de los estatutos; lo que ellos propusieron fue “una especie de autonomía para seguir en la Liga”.

   Pero como lo que los “asociados activos” del Club querían realmente era desafiliarse de la Liga, el “acuerdo” que se ofreció hubo de plasmarse no en “cierta autonomía” o “una especie de autonomía”, sino en la independencia, en la separación.

   Aun cuando, para “no dejar que este puesto” –el que tenía el C.U.R.C.C. en la Liga desde 1900- “fuera ocupado por extraños”, habrá de decirse, simuladamente, que el C.U.R.C.C. pasó a denominarse C.U.R.C.C. (Peñarol).

   Pero no nos adelantemos a los acontecimientos, sigámoslos paso a paso.

 

3. La nota de los Sres. Saraví, Borretti, Risso y Turturiello  a la Directiva del C.U.R.C.C. de 15 de noviembre de 1913

   En la referida fecha y como consecuencia de lo conversado en la entrevista que la Comisión del C.U.R.C.C. le encomendara mantener a sus integrantes Sres. Pérez y Maz con los representantes de los socios “no empleados” y de los partidarios, los Sres. Risso y Borretti (socios “no empleados”) y Saraví y Turturiello (no socios, aunque sí partidarios) cursaron la siguiente nota:

“Montevideo, 15 de noviembre de 1913

“Señor Presidente del C.U.R.C.C.

“Don Tomás B. Davies

“De nuestra consideración:

                Cumpliendo con las indicaciones que los honorables miembros de la Junta Directiva del Club de su digna Presidencia, señores Isabelino Pérez y José L. Maz han tenido bien hacernos, nos es altamente satisfactorio elevar a Ud. la presente conjuntamente con la nómina de personas entre las que se seleccionará la nueva Junta Directiva y una copia del proyecto de Estatutos por el que habrá de regirse el Club en su nueva vida próxima a emprender. Para confeccionar esa lista, señor Presidente, pensando bien toda la responsabilidad que nos cabe, hemos anotado nombres teniendo ante nuestra vista, en nuestro recuerdo, las brillantes páginas de 22 años de vida de nuestro glorioso Peñarol y observando que, en esas páginas, la Comisión de su digna Presidencia como las que la han precedido, ocupan un lugar prominente, cual es el que revela con toda evidencia el sello denunciador de cerebros claros que, con tan fino tacto, durante tanto tiempo han conducido al club de triunfo en triunfo, encadenando su existencia, año tras año, con eslabones de oro. Por lo probo de sus elementos dirigentes, el C.U.R.C.C. representa en los círculos deportivos una garantía de corrección, una promesa de bizarría y nosotros, Sr. Presidente, al formar esta lista debíamos procurar hacerla con elementos que, siguiendo el ejemplo de sus antecesores, supieran conservar para el viejo club de la localidad de Peñarol ese hermoso título conquistado en victorias y derrotas”.

                “Pero a su frente, al frente de esa lista, debíamos poner el nombre de una persona que fuera toda una garantía, una formal promesa. Y ese nombre, Sr. Presidente, no podría ser otro que el del Sr. Jorge H. Clulow, persona cuyos méritos personales están por encima de toda ponderación”.

                “Terminando, señor Presidente, nos creemos suficientemente autorizados para afirmarlo, que el pedido de reforma que motiva el contenido de esta nota, lejos de ser consecuencia de desaprobación de procederes, tiene por único móvil el ajustar los destinos del club a las necesidades de la época, facilitando así el ingreso a las filas de elementos activos y de buena voluntad que pueden cooperar a su engrandecimiento. Para conseguir ese engrandecimiento no queda duda, señor Presidente, que los nuevos elementos que lo dirijan habrán de ajustarse a las mismas normas de conducta a que se han ajustado las comisiones anteriores que a tan alto nivel moral han sabido llevarlo”.

                “Reciba el Sr. Presidente y por su intermedio los demás miembros de esa H. Comisión las protestas de nuestra consideración y estima”.

                (Firmado): C. Saraví, J. Risso, A.L. Borretti, C. Turturiello [3]

 

   Hemos transcripto en toda su extensión esta carta porque nos ha parecido importante su contenido y, también, y quizás más importante aún, su tono, su estilo, que habrán de ser útiles para explicar actitudes y conductas que luego examinaremos.

   El estilo de la carta es ditirámbico, llegando a excesos tales como el de elogiar los “cerebros claros que con fino tacto” habrían regido los destinos del Central Uruguay Railway Cricket Club.

   Pero más interesante, y más reveladora, que esta nota, será la respuesta de la Directiva del C.U.R.C.C. que examinaremos más adelante.

 

4. Sesión de la Comisión Directiva del C.U.R.C.C. de 25 de noviembre de 1913

   En la sesión de la Comisión Directiva del Central Uruguay Railway Cricket Club del 25 de ese mismo mes de noviembre de 1913, “el Sr. Péreez da cuenta a la Comisión de que se ha entrevistado con los Sres. Borretti, Saraví, Risso y Carmelo Turturiello, sobre la entrega de la sección football y que habían convenido remitir una lista de personas que podrían formar la Comisión y también un proyecto de Reglamento. El Secretario da lectura a la lista de personas que probablemente compondrán la Comisión lo mismo que el Reglamento [4], el cual es aprobado por los presentes menos el Sr. Best que no estaba en antecedentes del asunto. Visto esto, el Sr. Pérez manifiesta que la causa de la separación del club se debía a que la Comisión había resuelto no afiliarse más a la Liga y también la Empresa del F.C. Central deseaba que dejáramos el field de Peñarol y habiéndose apersonado una subcomisión de socios no empleados, pedían seguir con la sección football y que la Comisión del C.U.R.C.C. les diera una autonomía a fin de evitar que extraños tomarán el nombre del Club por su cuenta. Visto esto, el Sr. Best está de acuerdo; y después de un cambio de ideas se resuelve: entregar a dicha Comisión el nombre del C.U.R. Cricket (Peñarol), la bandera social, la Copa Estímulo, la Copa Catalina ganada en dos años consecutivos”.

   A esta altura, el acta agrega algo muy importante y que merecerá un examen más detenido cuando, después de transcribirlo, pasemos a su consideración desde el punto de vista jurídico.

   En efecto, a continuación de lo ya transcripto, se deja constancia de que “El Secretario hace presente que no están todos los miembros presentes y probablemente no están conformes con esta resolución y, más, opina ser de incumbencia de la Asamblea resolver un asunto de esta importancia.

            “En cuanto a la Asamblea opinan los presentes que nada tiene que ver y es facultad de la Comisión tomar esta medida. En cuanto a los demás miembros de la Comisión, manifiesta el Vicepresidente que los señores, el Presidente don Pedro Sedgfield y Maz están conformes, debiendo solicitarse la conformidad de los Sres. Brusa y W. Davies”. [5]

 

   La observación formulada por el Secretario del Central Uruguay Railway Cricket Club en el sentido de que resolver un asunto de esa naturaleza era de incumbencia de la Asamblea y no de la Comisión Directiva, resultaba entonces –y resulta aun hoy- absolutamente incontrastable.

   Los estamos del C.U.R.C.C. establecían, según ya se ha dicho, “Que ninguno de los artículos de estos Estatutos serán alterados o enmendados, salvo por dos terceras partes de los socios presentes en una Asamblea General”, de modo que en forma alguna podía la Comisión Directiva autoatribuirse la potestad de modificarlos ella, por sí y ante sí, con total desconocimiento del órgano soberano de la institución.

   No valdría en el caso, naturalmente, la posible objeción que se apoyara en el hecho de que el Central Uruguay Railway Cricket Club no tuviera, como nunca tuvo, personería jurídica, por cuanto es clarísimo que, por lo que respecta a los socios, el Estatuto era igualmente obligatorio y vinculante.

   Como enseña Coviello, “cuando un individuo entra a formar parte de una asociación cualquiera” (y el autor está analizando las asociaciones no reconocidas por las autoridades y confrontándolas con las reconocidas, esto, es, con las dotadas de personalidad jurídica) “se adhiere por ello mismo a todas las reglas sociales impuestas por el estatuto”. Y, más adelante: “si, por ejemplo, para ciertos contratos o para ciertos pleitos” (el representante de una asociación no reconocida) “tiene  necesidad de la autorización de todo el cuerpo social o de una deliberación de la mayoría, la falta de éstas hará que los socios no deban resentir los efectos del contrato o de la sentencia”. Luego de lo cual concluye sosteniendo que “De esta suerte, por lo que respecta a la representación, una asociación que es persona jurídica en nada difiere en la práctica de la que no lo es”. [6]

   Si al 25 de noviembre de 1913 la Comisión Directiva del C.U.R.C.C. a lo que aspiraba era a reformar los estatutos del Club para dotar de una hasta entonces inexistente “autonomía” a la sección football, no podía, razonablemente, válidamente, prescindir de la voluntad conforme de las dos terceras partes de sus cocios, de sus socios activos, de sus socios “empleados de dicho Ferrocarril” que eran, según se ha expresado repetidamente, los únicos socios con voz y voto en las asambleas de aquel Club.

   Así, además, se había hecho pocos meses atrás, el 2 de junio de ese mismo año 1913, cuando se convocara a la Asamblea de socios activos para considerar una reforma estatutaria de infinita menor significación, una reforma que, con objetividad, hemos calificado de modesta y hasta de tímida.

 

5. Contestación de la Comisión Directiva del C.U.R.C.C. a los Sres. Saraví,  Borretti, Risso y Turturiello, de 9 de diciembre de 1913

   También resulta éste un elemento fundamental para la comprensión de todo este proceso que habría de culminar, apenas cuatro días después, en la fundación de un nuevo club.

   Éste es su texto:

                “Peñarol, 9 de diciembre de 1913

                “Sres. Saraví, Borretti, Risso y Turturiello

                “Muy señores míos:

    “La Comisión Directiva que me honro en presidir ha tomado en consideración la atenta nota de fecha 15 de noviembre ppdo. que Uds. se dignaron elevar, así como también se ha impuesto del reglamento y nómina de personas que han de componer la nueva Junta Directiva del Centro que llevará por nombre C.U.R.C.C. (Peñarol).

   “A la vez esta Directiva se complace en manifestarles que, puesta en consideración la nota de referencia y la exposición verbal de los señores miembros que han intervenido a nombre de este Club para acordar con Uds. las bases de las reformas a implantarse, llevando como único fin el de ser más viable la idea de Uds., que es compartida con beneplácito por todos los miembros componentes de esta Directiva y previo un cambio de ideas resolviese aprobar en un todo el contenido de la mencionada nota y por lo tanto ratificar de hecho las proposiciones acordadas en la entrevista que con Uds. celebraron los Sres. I. Pérez y José L. Maz, haciendo suyas estas Directivas sus manifestaciones.

   “en consecuencia de lo actuado y llevando adelante este nuevo plan, que a no dudarlo será fructíferos resultados para el nuevo Centro a constituirse, hemos acordado también hacer entrega a esa institución de los siguientes trofeos: la Copa Catalina, la Copa Estímulo, los colores del C.U.R.C.C. y la bandera social.

   Al desprendernos de estos objetos, con el consiguiente pesar, consecuencia propia del cariño y que Uds. sabrán interpretar, pues ellos nos hablan de días gloriosos para el deporte y de inmensa alegría para nuestro Centro, pues tienen escrito en sus pliegues las reminiscencias de nuestros pasajes victoriosos por los fields de ambas márgenes del Plata dejando así constancia de caballerosidad e hidalguía, de espíritu deportivo y de fortaleza, siendo tan grandes en el triunfo como en la derrota. Al despojarse este Centro de esos trofeos adquiridos en ruda lid, emblemas gloriosos de tantos años de lucha, lo hacemos en el convencimiento de que van a buenas manos; que los componentes de la nueva Institución sabrán hacerse dignos de ellos, tanto en los días de prueba deportiva como en la situación que le corresponderá en el desenvolvimiento de su vida social.

   “Interpretando el sentir de los compañeros de Comisión, pongo en manos de Uds. esos trofeos, convencido como dejo dicho, de que ellos volverán a lucir con la misma fulguración que en nuestro poder, lo mismo que harán reverdecer con la misma intensidad los viejos laureles adquiridos para gloria del C.U.R.C.C., Peñarol.

   “En cuanto a la nómina de las personas que han de componer, por el término de dos años la nueva autoridad directiva, esta Comisión no puede seleccionar, por considerar que todas esas personas son dignas para ocupar los puestos de labor que se les designen y por tanto vemos complacidos que los destinos de esa nueva institución estarán regidos por la competencia y honestidad necesarias para el buen nombre de cualquier asociación.

   “Al agradecer los términos tan elogiosos como inmerecidos que nos dedican, sólo me resta en nombre propio y en el de todos los compañeros de Comisión, saludar a ustedes y a la nueva autoridad que ha de constituirse, deseándoles muchos años de vida como también de gloria deportiva.

   “Con el testimonio de mi más alta estima, queda de Uds. atte. y s.s.”

   (Firmado): T.B.Davies, Presidente. Tomás Lewis, Secretario Honorario [7]

 

   La nota transcripta revela, de manera tan repetida y tan reiterada que no puede ser ignorada o desconocida, que la voluntad de la Comisión Directiva del Central Uruguay Railway Cricket Club no era, en modo alguno, la de reformar los estatutos sociales para democratizarlos y darle cabida en el Club a todos aquellos que libre y voluntariamente quisieran integrarlo, sino, lo cual es completamente distinto, la de aceptar que se formara un nuevo club con el nombre del C.U.R.C.C. y el agregado de la palabra “Peñarol”.

   Ello lo demuestran, de modo incontrastable, las múltiples expresiones que hemos subrayado en el texto.

   Allí se hace referencia a los Sres. Pérez y Maz como quienes “han intervenido a nombre de nuestro Club” para tratar, para negociar, para acordar, para en definitiva convenir con otros, con terceros no socios activos del Club, el acuerdo propuesto.

   Allí no se menciona, ni por asomo, la continuidad que habría resultado natural entre el C.U.R.C.C. y el C.U.R.C.C. Peñarol, si sólo se hubiera tratado de una modificación en el nombre;  sino que, por el contrario, se hace referencia “al Centro a constituirse”, al “Centro que llevará por nombre C.U.R.C.C. (Peñarol)”, a “esa Institución”, distinta, por consiguiente, del C.U.R.C.C. que sería, desde el punto de vista de los firmantes de la nota, no esa sino esta institución.

   Allí se expresa la decisión de entregar determinados objetos al nuevo club y por tanto es lógico que se diga “al desprendernos de esos objetos”. Si el nuevo club a formarse y el existente desde 1891 fueran uno solo, sería materialmente imposible “desprenderse” de nada; los referidos objetos habrían sido y seguirían siendo patrimonio de una misma y única institución.

   Y que esta expresión no es un mero giro gramatical impreciso o equivocado se confirma cuando, en el párrafo siguiente se expresa que “Al despojarse este Centro de estos trofeos ….. lo hacemos en el convencimiento de que van a buenas manos” y que “los componentes de la nueva Institución sabrán hacerse dignos de ellos”. Porque nadie puede “despojarse” de nada si se entrega a sí mismo objetos que desde años atrás están en su poder, les pertenecían y eran de su propiedad.

   Allí se expresa también que “los componentes de la nueva Institución sabrán hacerse dignos de ellos” y que “esos trofeos …. volverán a lucir con la misma fulguración que en nuestro poder”. Todo lo cual demuestra, de manera evidentísima, la existencia de dos grupos, de dos partes, distintas y diferenciadas: el que da y el que recibe, el que se desprende o se despoja voluntariamente de algo porque ello forma parte de un acuerdo y el que resulta beneficiario de tal liberalidad, el donante y el donatario, para decirlo en dos palabras.

   Allí se hace mención de “los destinos de esa nueva Institución” y se expresa la aspiración de que ellos estén regidos “por la competencia y honestidad necesarias para el buen nombre de cualquier asociación”. Y no puede siquiera pensarse o hablar de una nueva institución si la vieja solamente se reforma. Y no puede aceptarse que la referencia a las necesidades de buena conducta de cualquier asociación esté hecha sino a una asociación que ha de formarse o que se está tratando de forjar.

   Y allí se desea a la nueva entidad “muchos años de vida” y los muchos años de vida se le desean, razonablemente, a las instituciones nacidas o nacientes y, en todo caso, se le desean a otra institución y no a sí misma.

 

[1] MAGGI, en prólogo al libro “Por la verdad”, del Dr. Mantrana Garín, págs. 13 y 14.

[2] MANTRANA GARÍN, ob. cit. pág. 43

[3] La carta aparece transcripta en un segundo libro de MANTRANA GARÍN, “La epopeya de Peñarol”, págs. 41 y 42.

[4] Ni la nómina de personas que probablemente debían integrar la Comisión, ni el proyecto de Reglamento que aprobó la Directiva del C.U.R.C.C. aparecen publicados, lo que no deja de resultar extraño.

[5]  MANTRANA GARÍN, “Por la verdad”, cit. págs. 43-44.

[6]  COVIELLO, “Doctrina General del Derecho Civil”, ed. UTEHA, México, 1949, págs. 269-270.

[7]  MANTRANA GARÍN, “La epopeya ….”, cit. págs. 42-43.

 

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