7. CULMINACIÓN del ANTEDICHO PROCESO FUNDACIONAL: la ASAMBLEA del 13 de Diciembre de 1913

CULMINACIÓN del ANTEDICHO PROCESO FUNDACIONAL:

la ASAMBLEA del 13 de DICIEMBRE de 1913

 

   Cuatro días después de la nota que acabamos de examinar, el 13 de diciembre de 1913, se reúnen –así lo expresa el acta respectiva- “en el local de la Liga Uruguaya de football” que en esta época estaba instalado en la calle Paysandú 955, una treintena de personas, de las cuales la gran mayoría revestía la calidad de socios “no empleados” y dos de ellos, los Sres. Saraví y Turturiello, simples partidarios, del Central Uruguay Railway Cricket Club.

   Transcribimos el acta de la referida reunión exceptuando solamente las cartas de 15 de noviembre dirigida a la Comisión Directiva del C.U.R.C.C. y la contestación de ésta, del 9 de diciembre, que fueran incorporadas al acta de la reunión y que, por nuestra parte y para mantener el orden cronológico hemos transcripto ya, en los numerales 3 y 5 del capítulo precedente.

   Dice el acta referida:

            “Acta de la Asamblea celebrada por los socios del C.U.R.C.C. el día 13 de diciembre de 1913, en el local de la Liga Uruguaya de Football, haciendo acto de presencia los Sres. J. Risso, A. Castello, J. Astengo, D. D’Alto, L. Quiñones, L. Crossley, J.L. Maz, S. Costa, H.F. D’Angelo, D. Giordanelli, H. Falco, G. Hamoon, C. Facello, N. Massone, J. Carluccio, J.L. Colombo, P. Turturiello, E. Catrufo, E. Fígoli, J. Catrufo, J.F. Quiñones, J. Facello, Alfonso Betucci, R. Garbarino, E. Pinasco, G. Núñez, A. Fontana, A. Paladino, T. Lewis y los no socios C. Saraví y C. Turturiello.

            “El acto es presidido por la Sub Comisión que representa a los socios no empleados del Ferrocarril Central, señores A.L. Borretti, J. Risso, C. Saraví y C. Turturiello, actuando de Presidente el señor Borretti, quien declaró abierto el acto a las 9:30 p.m., actuando de secretarios los señores C. Facello y Lewis.

            “El Presidente expone a la Asamblea los trabajos efectuados con la Comisión del C.U.R.C.C. con el fin de implantar una reforma en la sección football de nuestro club, a base de una autonomía con reglamentos propios, etc. y para mayor ilustración de los presentes se da lectura a las siguientes notas:

            (Aquí se insertan en el acta los textos de las notas de 15 de noviembre y de 9 de diciembre de 1913).

   Luego de tales transcripciones, prosigue el acta:

            “Como en su contestación la Comisión del C.U.R.C.C. dice que la Comisión a regir los destinos de la nueva sección deberá durar dos años en sus funciones, el Sr. Julio Facello pregunta a la Mesa si esta cláusula es imperativa, a lo que contesta el Sr. Presidente que es de acuerdo con lo establecido en el proyecto de Estatutos y visto esto se resuelve dar lectura a tal proyecto.

            “Una vez terminada ésta, el señor D’Alto pide un aclaración sobre el Art. 6 c que se refiere al cobro de $ 100 para aquél que quiera ingresar como socio activo, dado que existirán tres categorías.

            “La Mesa da las explicaciones del caso, resolviéndose a pedido del Sr. Maz, dejar el asunto de Reglamento para otra Asamblea, por ser de incumbencia de la Comisión a elegirse, confeccionar los Estatutos y presentarlos para su aprobación.

            “Acto continuo se elige una comisión de escrutinio, compuesta por los señores Maz, Massone y Quiñones, para informar sobre el resultado de la elección de la nueva Comisión, con el siguiente resultado:

            “Titulares: Jorge Clulow, 30 votos; Dr. F. Polleri, 30 votos; Carlos Saraví, 30 votos; Constante Facello, 30 votos; S. Costa, 30; J. Tognochi, 30; C. Turturiello, 26; J. Risso, 25; L. Borretti, 24; T. Lewis, 24; L. Quiñones, 6; Crossley, 5; F. Simón, 4; A. Boggiani, 5; A. Camacho, 1 y N. Massone, 1.

            “Suplente: J.J. Cagnoni, 30; F. Hiriart, 30; C. Camacho, 30; A. Barnadá, 30; A. Fontana, 30; M. Semino (h), 30; P. Turturiello, 25; N. Massone, 25; L. Crossley, 24; J. Dupré, 5; A. Betucci, 4; J. Núñez, 4; L. Colombo, 1 y J. Rodríguez, 1.

            “Comisión Fiscal: Titulares: C. Oromí, 30; J. Camusso, 30; J.L. Maz, 29; L. Quiñones, 1. Suplentes: L. Gherardi, 30; A. Tunart, 30 y J. Bayley, 30.

            “Habiendo triunfado, por lo tanto, la lista “Lorenzo Mazzuco”.

            “El Sr. Massone pide a la Asamblea un aplauso para los señores que tomaron a su cargo los trabajos para reorganizar la sección football y otro para la digna Comisión del C.U.R.C.C. por su actitud en este asunto y hace votos para que la Comisión recientemente electa guíe al club por la senda de triunfos y que seguirá la misma norma de conducta como lo han hecho las Comisiones anteriores del C.U.R.C.C. y que a tan alto nivel moral han sabido llevarlo.

            “El Sr. Borretti hace moción para que se le pase una nota al Sr. I.L. Pérez, agradeciéndole los valiosos servicios prestados en este asunto.

            “A esto se opone el Sr. C. Facello pues opina que esta nota debe ir dirigida a todos los miembros de la Comisión y además pide a los señores J.L. Maz y Lewis sean intérpretes ante los demás compañeros de Comisión, del agradecimiento de los consocios presentes por su actuación en este asunto.

            El Sr. Maz agradece en nombre de la Comisión del C.U.R.C.C. los términos elogiosos que le ha dedicado la Asamblea y dará cuenta de ellos en la primera sesión que celebre la Comisión.

            “Por moción del Sr. L. Quiñones, se resuelve pasar nota en el sentido arriba indicado a los Miembros de la Comisión Directiva del C.U.R.C.C.

            “No habiendo más asuntos para tratar se levantó la sesión las 11.30 p.m.”.

            (Firmado): Félix Polleri, Vicepresidente; Tomás Lewis, Secretario. [1]

 

   El acta de esta reunión realizada en las Oficinas de la Asociación Uruguaya de Fooltball dice ser, según se ha visto, la de la “Asamblea realizada por los socios del C.U.R.C.C.”, pero omite señalar que la enorme mayoría de ellos son socios “no empleados de dicho Ferrocarril”- del Ferrocarril Central del Uruguay- “los cuales sin embargo, no tendrán voz ni voto en la administración del club” tal como textualmente lo disponían los estatutos del Central Uruguay Railway Cricket Club, plenamente vigentes en el año 1913 en que se realizó la tal asamblea.

   Y aquí radica la cuestión medular, decisiva por sí sola, por afirmar, como afirmamos, que la nueva institución es eso, una institución nueva y, en modo alguno y tal como se pretende, la misma a la que estaban asociados en calidad de socios “no empleados” o socios de segunda categoría, la mayoría de los participantes de aquella asamblea.

   Esa treintena de personas carecía, en absoluto, de legitimación para reformar los estatutos del Central Uruguay Railway Cricket Club, tal como carecerían de ella, hoy, los socios suscriptores de cualquier entidad deportiva, si los estatutos –como suele acontecer- sólo le confieren esa potestad a los socios activos.

   A los efectos de la pretensión que se esgrime –y que traduce el artículo 1º de los estatutos del Club Atlético Peñarol- de que “con el nombre de Club Atlético Peñarol se designará en adelante el Central Uruguay Railway Cricket Club fundado el 28 de setiembre de 1891”, la asamblea realizada el 13 de diciembre de 1913 resulta un acto absolutamente nulo, o si se prefiere, un acto jurídicamente inexistente.

   Couture distinguía, en materia de nulidades procesales, tres grados de invalidez: los actos jurídicamente inexistentes, que, en verdad, no son ni siquiera actos sino solamente hechos; los actos absolutamente nulos y los actos relativamente nulos.

   “Una sentencia dictada por quien no es juez –ejemplificaba- no es una sentencia (nula) sino una no sentencia. No es un acto sino un simple hecho. El concepto de inexistencia se utiliza, pues, para denotar algo que carece de aquellos elementos que son de la esencia y de la vida misma del acto” [2]

   Con este mismo criterio, la reforma de los estatutos de un club, decidida por socios que no tienen la facultad de reformar tales estatutos, es, desde el punto de vista de ese club, una “no asamblea”. Podrá valer, desde luego, como libre decisión de un conjunto de personas que han fundado un nuevo club, como también la “no sentencia” de quien no es Juez podrá valer como pieza literaria o jurídica, si tiene tales virtudes, o en todo caso, como opinión de quien la ha emitido. Pero nada más.

   La doctrina civilista no acepta, en general, la distinción entre los conceptos de inexistencia y de nulidad absoluta, sosteniendo que se trata “de una doble terminología para designar la misma cosa”. [3]

   Pero, calificada como jurídicamente inexistente o como absolutamente nula, la asamblea de socios “no empleados” del Ferrocarril, del Central Uruguay Railway Cricket Club, de 13 de diciembre de 1913, lo cierto es que ella no pudo, jamás, producir efecto alguno sobre los estatutos o sobre la vida misma del C.U.R.C.C.. Y ello, por la sencillísima razón de que estos socios de segunda categoría no tenían potestad alguna ni para reunirse en asamblea –porque no tenían voz- ni, mucho menos, para decidir, porque no tenían voto.

   Desde luego esta asamblea jurídicamente inexistente o absolutamente nula, según se prefiera, considerada como tal, es decir, como asamblea del Central Uruguay Railway Cricket Club –y tal como ya lo hemos adelantado- valía como asamblea de un conjunto de personas, de habitantes del país que libremente se reunían y formaban una institución deportiva.

   Por eso, esa fecha del 13 de diciembre de 1913 debe ser reputada la fecha en que se fundó el Club Atlético Peñarol y, en manera alguna, la fecha en que el Central Uruguay Railway Cricket Club cambió de Comisión Directiva o de estatutos o de denominación.

   La ineficacia o la invalidez del acto absolutamente nulo es “originaria, completa y definitiva”; “puede ser alegada por todo quien tenga interés en ello”, tal como lo expresa al artículo 1561 del Código Civil; es insubsanable y es imprescriptible”. [4]

   Del propio tenor del acta de la mencionada asamblea –preocupada por preconstituir la prueba de que sólo se trataba de la “reforma de la sección football …. a base de una autonomía con reglamentos propios”, tal como allí se expresa- se deslizan, sin embargo, expresiones que muestran claramente la existencia, a partir de ese momento, de dos instituciones y no de una sola, reformada.

   El aplauso que se solicita a la asamblea “para la digna Comisión del C.U.R.C.C. por su actitud en ese asunto”, el agradecimiento del Sr. Maz “en nombre de la Comisión del C.U.R.C.C.” y su anuncio de que “dará cuenta de ellos en la primera sesión que celebre la Comisión”, configuran la confesión más clara, más terminante de que se trataba, a partir de allí, de dos instituciones, dirigidas por dos Comisiones distintas: una recién fundada, cuya asamblea aplaudía a las autoridades de la otra; la otra vieja ya luego de 22 años de existencia, en el seno de cuya Comisión, que seguiría reuniéndose, y en cuya primera sesión se daría cuenta prolija del agradecimiento y de los aplausos.

   En síntesis, la asamblea de socios activos del C.U.R.C.C., la asamblea legítima, la dotada estatutariamente de poderes decisorios, la constituida por los socios “empleados de dicho Ferrocarril” reunida el 2 de junio de 1913 rechazó, por muy amplia mayoría, la modificación de los estatutos del Club, se opuso a la solicitud y a la  propuesta de dar cabida entre sus socios activos, aún con limitadísimas facultades, a quienes no fueran empleados del Ferrocarril.

   Apenas seis meses después, treinta personas, la enorme mayoría de los cuales no eran socios activos y por tanto carecían de todo poder de decisión, se reunieron en asamblea y fundaron un nuevo club, lo que es perfectamente legítimo. Y no sólo fue legítimo sino que asombra que se haya demorado hasta el año 1913 para adoptar una actitud de independencia y de rebeldía frente a una situación que debió haber sido intolerable desde muchos años atrás.

   Lo que no es legítimo, lo que absolutamente inválido, es la pretensión de que en aquel entonces no se fundó un nuevo club, sino que simplemente, se reformaron los estatutos del ya existente.

   Todo lo anterior resulta tan evidente que continuar alegando sobre ello no sólo resultaría innecesario sino excesivo, por redundante.

   Anotemos solamente, para finalizar este capítulo y como dato curioso, que aunque los estatutos del nuevo club ya habían sido redactados y una copia de los mismos se había adjuntado a la nota que los Sres. Saraví, Borretti, Risso y Turturiello habían dirigido a la Directiva del C.U.R.C.C. el 15 de noviembre; un mes después, en la asamblea del 13 de diciembre, apenas se formula un pedido de aclaración sobre una disposición de tales estatutos, se resolvió dejar la cuestión para otra asamblea posterior “por ser de incumbencia de la Comisión a elegirse confeccionar los Estatutos y presentarlos para su aprobación”.

   Y esta actitud, tratándose de un nuevo club, de un club distinto, es, efectivamente así. ¿Para qué, entonces, aquella presentación del proyecto de estatutos a la Comisión del C.U.R.C.C.? ¿Para qué en sesión del 25 de noviembre, en el seno de la Directiva del C.U.R.C.C. se dio lectura a “la lista de personas que probablemente compondrán la Comisión, lo mismo que el Reglamento, el cual es aprobado por los presentes ….”? (Véase numeral 4 del capítulo VI) ¿Para qué la Comisión del C.U.R.C.C. contestó que “se había impuesto” del contenido de dicho Reglamento o Estatuto (véase numeral 5 del capítulo VI) si luego habría de resolverse que la confección de los estatutos era competencia exclusiva de la Comisión a elegirse?

   Parecería que ya en aquella época existía, aunque entonces no se lo llamara así, lo que hoy ha dado en denominarse el doble lenguaje o el doble discurso.

 

 

[1]  MANTRANA GARÍN, “La epopeya ….”, cit. págs. 41-43

[2] COUTURE, “Fundamentos del Derecho Procesal Civil, 3ª edic.,Bs.As.,Depalma, 1962, pág.377

[3]  GAMARRA, ·”Tratado de Derecho Civil Uruguayo”, T.XVI, Mont., 1974, pág.75. Idéntica posición sustentan AMÉZAGA, SÁNCHEZ FONTÁN, PEIRANO, citados por el autor.

[4]   Véase GAMARRA, ob.cit. X t.cit., capítulo X, “Régimen de nulidad absoluta”, págs. 155 a 178.

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